Claves para la reconstrucción

Hay veces que las respuestas a los mayores problemas de la sociedad moderna se pueden encontrar en libros que, poco a poco, se van acercando a los 100 años de su primea edición:

[…] el movimiento destinado a enseñar el camino hacia la resurrección nacional tendrá que brotar de un grupo pequeño y esta resurrección no podrá esperarse jamás de los partidos políticos grandes, excesivamente aferrados a conceptos anacrónicos o directamente interesados en apoyar al gobierno. Lo que se debe proclamar aquí no es un nuevo grito electoral, sino una nueva teoría del mundo. La mayoría de los jóvenes contemplan el derrumbe nacional simplemente a través de la miseria económica general y sus consecuencias. El pueblo, en su gran mayoría, relaciona el desastre con cuestiones políticas, culturales o morales. Y hay muchos que ni sienten ni comprenden el problema. Que esto ocurra entre las masas es comprensible, pero que la parte inteligente de la comunidad mire el derrumbe ante todo como una “catástrofe económica” y se figure que el restablecimiento deberá venir a través de la economía constituye una de las razones que hacen la cura imposible […]

[…] Si los mediocres componen el gobierno de una nación, faltará entereza para obrar y se preferirá aceptar la más vergonzosa de las humillaciones antes que erguirse para adoptar una actitud resuelta, pues, nadie habrá allí que por sí solo esté personalmente dispuesto a arriesgarlo todo en pro de la ejecución de una medida radical. Existe una verdad que no debe ni puede olvidarse: es la de que tampoco en este caso una mayoría estará capacitada para sustituir a la personalidad del gobierno. La mayoría no sólo representa siempre la ignorancia, sino también la cobardía. Y del mismo modo que de 100 cabezas huecas no se hace un sabio, de 100 cobardes no surge nunca una heroica decisión. Cuanto menos grave sea la responsabilidad que pese sobre el gobernante, mayor será el número de aquéllos que, dotados de ínfima capacidad, se creen igualmente llamados a poner al servicio de la nación sus imponderables fuerzas. De ahí que sea para ellos motivo de regocijo el cambio frecuente de funcionarios en los cargos que ellos apetecen y que celebren todo escándalo que reduzca la hilera de los que por delante esperan…. La consecuencia de todo esto es la espeluznante rapidez con que se producen modificaciones en las más importantes jefaturas y repartos públicos de un organismo estatal semejante, con un resultado que siempre tiene influencia negativa y que muchas veces llega a ser hasta catastrófico […]


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